Old woman

Desmontando mitos: la edad, el esmalte, implantes y el no dolor en las encías

 

Terminamos hoy esta serie con un tercer artículo sobre los mitos en la salud bucodental, y esperamos que hayan sido aclarados una decena de los mitos más extendidos. Ya que estos mismos aún subsisten y son claramente erróneos y suponen un grave perjuicio.

Tratamos cuatro últimos mitos como son: con la edad es normal que se pierdan dientes, no me hago limpiezas porque estropean el esmalte, no me coloco implantes por miedo al rechazo biológico y como mis encías no me duelen no necesito tratamiento.

La pérdida dental no es inherente a la edad del paciente, es decir, no por el hecho de ser mayor o envejecer tenemos que estar desdentados. Si se realiza una higiene dental o interdental correcta y se acude al dentista con regularidad, probablemente podremos sonreír y comer a gusto aún en edades avanzadas.

Los más nuevos aparatos sónicos y ultrasónicos producen ondas vibratorias que rompen el cálculo dental (sarro) de la superficie del diente sin afectar en absoluto al esmalte; al contrario, elimina la placa bacteriana y el cálculo adherido a la superficie dental.

DEntal

La mayor parte de los implantes dentales actuales están fabricados de titanio quirúrgico, material que es absolutamente biocompatible y con capacidad de integrarse en el hueso, siendo muy bien tolerado por los tejidos blandos.

El titanio es un metal que no ha demostrado ninguna reacción tóxica, ni irritativa sobre los tejidos vivos. Hasta la actualidad no se ha identificado rechazo biológico de un paciente hacia un implante; aunque pueden haber fracasos en la oseointegración (proceso por el cual el implante se fija al hueso), estos suelen ser escasos.

El hecho de no tener dolor en las encías no es signo de salud bucodental. En los estadios iniciales de muchos trastornos periodontales la enfermedad puede pasar desapercibida, sin síntomas evidentes y cambios mínimos (por eso se llama a la periodontitis “la enfermedad invisible”).

Por ello, es muy importante que el dentista o el periodoncista examine periódicamente sus encías para confirmar la salud y prevenir el desarrollo de la enfermedad.

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