Elixir

Elixir bucal: por los siglos de los siglos

 

Un interesante artículo sobre los elixires bucales de hace siglos del Dr. Javier Sanz, profesor de Historia de la Odontología en la UCM, que trata sobre las clásicas fórmulas para mantener sana la dentadura, como también para curar lesiones de la mucoso oral.

Al principio se les llamó cocimientos. El más clásico de nuestros clásicos, Francisco Martínez de Castrillo, entre las fórmulas que proponía, allá por el año de 1557, encontramos la siguiente: “para los que tienen las encías esponjosas o hinchadas y la boca húmeda, y reumas frías y la dentadura aparejada para criar tovas“.

En tres cuartillos de vino blanco se mezclaban, entre otras cosas, un puñado de rosas secas, media docena de piñas de ciprés cascadas, un cogollo de piña, un poco de cuerno de ciervo rallado y media docena de hojas de olivo; debía colarse y añadir dos maravedíes de incienso y media onza de sangre de drago. Con este elixir se recomendaba “enjuagarse por tiempo suficiente”.

Remedios antiguos

Tradicionalmente, en el agua hirviendo se echaban plantas y semillas hasta obtener una especie de infusión que servía para hacer enjuagues; cada cual le daba su punto, con algún ingrediente de su gusto y experiencia. Por eso, recibieron también el nombre de enjuagatorios, después pasaron a denominarse elixires y, actualmente, está más aceptado el nombre de colutorios.

La publicidad del pasado es rica en la presentación de los elixires, casi siempre formando parte de un lote (junto a polvos o pastas). Respecto a su aplicación, se recomendaba su uso tantas veces fuese necesario, bien mediante el cepillo (que previamente se ha mojado en el vaso donde se vertió el elixir) o bien directamente (echando un buchecito en la boca e intentando con los movimientos adecuados y la boca cerrada que llegue a cada rincón de la boca).

El resultado, una vez más es la sonrisa de quién usó el elixir: la sonrisa limpia, símbolo de satisfacción y, hoy día, también de salud y belleza.

Fuente – SEPA

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